Citomegalovirus: el virus más frecuente del que casi no se habla

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Se estima que entre 40 % y 100 % de los adultos inmunocompetentes presentan seropositividad, dependiendo de la región.

El citomegalovirus (CMV) es una de las infecciones humanas más comunes a nivel mundial. Se estima que entre 40 % y 100 % de los adultos inmunocompetentes presentan seropositividad, dependiendo de la región. Se trata de un virus ubicuo, endémico, sin estacionalidad definida, que se transmite principalmente a través de fluidos corporales y que, en la mayoría de las personas sanas, cursa de forma asintomática o con síntomas leves. Sin embargo, detrás de esta aparente benignidad se esconde una carga clínica relevante, especialmente en poblaciones vulnerables.

El mayor impacto del CMV se observa durante el embarazo y en personas con inmunosupresión. La infección congénita por citomegalovirus es la más frecuente a nivel global y afecta aproximadamente al 2,2 % de los recién nacidos, según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos. A pesar de ello, el nivel de conocimiento sobre el CMV sigue siendo bajo, incluso entre profesionales de la salud. Un estudio publicado en 2020 mostró que solo cerca de la mitad de los obstetras conversa con sus pacientes sobre este virus, a pesar de su papel como principal causa infecciosa de defectos congénitos.

El riesgo fetal es especialmente elevado cuando la infección ocurre durante el primer trimestre del embarazo. El Dr. Mark Schleiss, profesor de enfermedades infecciosas pediátricas de la University of Minnesota, explica que en esta etapa el sistema inmunitario fetal es inmaduro, lo que permite que el virus interfiera con procesos clave como la migración neuronal. Esto puede traducirse en daño cerebral grave, microcefalia y sordera congénita. En infecciones adquiridas durante el segundo y tercer trimestre, el daño suele ser menos severo, aunque no despreciable.

A pesar de esta evidencia, el cribado universal de citomegalovirus congénito no es una práctica estandarizada. El American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) no ha emitido una recomendación definitiva al respecto, argumentando que el impacto del tamizaje aún se encuentra en evaluación. No obstante, algunos estados ya han avanzado en esta dirección. Minnesota y Connecticut exigen el cribado universal, mientras que otros, como Nueva York, Florida y Texas, realizan pruebas dirigidas en recién nacidos que no superan la prueba auditiva inicial.

El debate también ha llegado al ámbito legislativo. A finales de 2025 se presentó en el Congreso de Estados Unidos un proyecto de ley para exigir la detección del citomegalovirus en todos los recién nacidos. La iniciativa cuenta con apoyo bipartidista y busca fortalecer la vigilancia, la investigación y la concientización sobre el virus. Para la Dra. Sallie Permar, directora del Departamento de Pediatría de Weill Cornell Medicine, la detección temprana es una estrategia rentable que puede reducir de forma significativa las secuelas a largo plazo, que incluyen epilepsia, daño hepático e incluso un mayor riesgo de leucemia infantil.

El desarrollo de una vacuna contra el citomegalovirus ha sido considerado una prioridad de salud pública desde principios de este siglo. Sin embargo, los avances han sido limitados. A finales de 2025 se canceló un ensayo clínico de fase 3 de una vacuna de ARN mensajero tras no alcanzar los criterios de eficacia esperados. Aunque los resultados completos aún no se han publicado, la eficacia reportada fue modesta, lo que representó una decepción para la comunidad científica. Actualmente, más de 100 ensayos clínicos evalúan terapias preventivas y tratamientos contra el CMV, pero solo una fracción se encuentra en fases avanzadas.

Además del impacto en el embarazo, el citomegalovirus representa una amenaza grave para los pacientes trasplantados. En personas con inmunosupresión severa, el virus puede reactivarse y causar infecciones potencialmente mortales, como neumonía por CMV. Estudios recientes muestran tasas de mortalidad elevadas en esta población, que aumentan progresivamente con el tiempo posterior al trasplante. Aunque se han explorado estrategias de vacunación y antivirales, el manejo del CMV en pacientes trasplantados sigue siendo un desafío clínico importante.

Para los especialistas, el mensaje es claro: el citomegalovirus no es una infección rara ni marginal. Se trata de un problema de salud pública subestimado que requiere mayor concientización, inversión en investigación y estrategias de detección más amplias. Como señala la Dra. Permar, hablar del CMV sigue siendo una herramienta clave para impulsar cambios que permitan reducir su impacto a largo plazo en pacientes y familias.

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