Reducen el riesgo de ACV, pero elevan el de hemorragias: el dilema de los anticoagulantes

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El monitoreo médico, la educación del paciente y el uso adecuado de nuevas terapias son claves para reducir complicaciones asociadas a los diluyentes de la sangre.

Los anticoagulantes, conocidos comúnmente como “diluyentes de la sangre”, son medicamentos fundamentales para prevenir coágulos peligrosos que pueden desencadenar infartos, embolias o accidentes cerebrovasculares. Sin embargo, también representan una de las principales causas de daños relacionados con medicamentos.

Se estima que más de 8 millones de personas en Estados Unidos los utilizan, especialmente después de cirugías o por condiciones como la fibrilación auricular, un trastorno del ritmo cardíaco que aumenta el riesgo de formación de coágulos.

El caso de Larry Bordeaux, de 65 años, refleja esta dualidad: tras desarrollar coágulos luego de una operación, los anticoagulantes le salvaron la vida. No obstante, también ha sufrido complicaciones como hematomas severos y sangrados gastrointestinales.

“Con algo tan simple como una caída, si la dosis no es correcta, podría desangrarme”, afirmó.

Un mecanismo vital… con efectos adversos

La coagulación es un proceso natural que evita hemorragias cuando ocurre una lesión. Los anticoagulantes actúan interfiriendo en este mecanismo para impedir que los coágulos bloqueen el flujo sanguíneo.

El problema es que, al hacerlo, aumentan el riesgo de sangrados no deseados.

Según especialistas, estos fármacos reducen el riesgo de accidente cerebrovascular isquémico (por obstrucción), pero elevan ligeramente el riesgo de eventos hemorrágicos. Cada año, cientos de miles de adultos mayores son hospitalizados por sangrados asociados a estos medicamentos, con costos que superan los 2.5 mil millones de dólares anuales para el sistema de salud.

Entre las complicaciones más comunes se encuentran:

  • Sangrado gastrointestinal
  • Hemorragias nasales persistentes
  • Sangre en la orina
  • Hematomas extensos
  • Hemorragias cerebrales o pulmonares (menos frecuentes, pero graves)

Eventos prevenibles y falta de información

Organizaciones de pacientes advierten que muchos usuarios y sus familias no están plenamente informados sobre los riesgos.

Los eventos hemorrágicos no son casos aislados. Ocurren diariamente y, según investigaciones, casi la mitad de las complicaciones podrían prevenirse con mejor manejo clínico, educación y seguimiento.

Durante casi 60 años, el anticoagulante más utilizado fue la warfarina, un fármaco eficaz pero complejo de manejar. Requería análisis de sangre frecuentes para ajustar la dosis, debido a su comportamiento variable en cada paciente.

En 2010 surgió una nueva generación: los anticoagulantes orales directos (DOACs), como:

  • Apixabán
  • Dabigatrán
  • Edoxabán
  • Rivaroxabán

Los ensayos clínicos mostraron que eran más seguros y consistentes que la warfarina. Sin embargo, en la práctica real, el número de emergencias por sangrado no ha disminuido de forma significativa: alrededor de 300,000 pacientes al año acuden a urgencias por esta causa.

¿Por qué persiste el riesgo?

Expertos señalan varios factores:

1. Falta de monitoreo

Al no requerir controles tan frecuentes como la warfarina, algunos pacientes reciben menos seguimiento médico.

2. Combinaciones inadecuadas

El riesgo aumenta cuando se combinan con:

  • Antiagregantes plaquetarios
  • Aspirina
  • Antiinflamatorios comunes

Se estima que 1 de cada 3 pacientes toma aspirina junto con anticoagulantes, muchas veces sin indicación adecuada.

3. Dosis incorrectas

La dosis debe ajustarse según:

  • Edad
  • Función renal
  • Peso
  • Riesgo de caídas

Por ejemplo, en mayores de 80 años, algunas dosis deben reducirse a la mitad.

Decidir prescribir anticoagulantes no siempre es sencillo. Los médicos deben valorar el riesgo de sangrado frente al de trombosis o accidente cerebrovascular.

Si el riesgo hemorrágico es muy alto y el riesgo de coágulos bajo o moderado, puede optarse por no indicar el tratamiento.

No obstante, los especialistas advierten que el miedo a prescribirlos podría aumentar los eventos trombóticos prevenibles.

Innovaciones para reducir daños

Frente a este escenario, surgen nuevas estrategias

Algunos sistemas de salud desarrollan paneles digitales que alertan sobre:

  • Dosis inadecuadas
  • Interacciones medicamentosas
  • Cambios en la función renal

Esto permite priorizar pacientes que requieren evaluación especializada.

En fibrilación auricular, la ablación cardíaca,  que corrige señales eléctricas anormales, podría permitir suspender anticoagulantes en ciertos casos.

Nuevos fármacos en estudio

Los inhibidores del Factor XIa buscan prevenir coágulos con menor riesgo de sangrado, lo que representaría un avance significativo en seguridad.

Especialistas coinciden en que mejorar la educación del paciente, optimizar las dosis y fortalecer el seguimiento clínico podría prevenir miles de eventos adversos cada año.

Un mejor control no solo reduciría hospitalizaciones y costos, sino que evitaría complicaciones graves como hemorragias gastrointestinales o lesiones cerebrales traumáticas.

El desafío no es prescindir de los anticoagulantes, sino hacer su uso cada vez más seguro para los millones de personas que dependen de ellos para salvar su vida.

Fuente original aquí

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