De Célula a Célula analiza avances terapéuticos que amplían la curación en leucemia linfoblástica aguda

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Dr. Alexis Cruz Chacón, hematólogo oncólogo, investigador del Centro Comprensivo de Cáncer y director del Centro de Trasplante de Médula Ósea del Hospital Auxilio Mutuo, y Carlos Méndez, administrador de TCT Oncology, Dr. Carlos Bachier, hematólogo oncólogo, especialista en trasplante de médula ósea y terapia celular y Dr. Cristian Rodríguez Arocho, hematólogo oncólogo con subespecialidad en Trasplante de Médula Ósea y Terapia Celular, Foto tomada por PHL

“Hoy en día la cura en pacientes pediátricos con leucemia linfoblástica aguda alcanza entre 80 y 90 %, y los resultados en adultos han mejorado significativamente con las nuevas terapias”, explicó el hematólogo oncólogo y especialista en terapia celular, Dr. Carlos Bachier, durante un episodio de ‘De Célula a Célula’, espacio en el que expertos analizaron el mito de que un diagnóstico en la adultez implica un pronóstico fatal y destacaron cómo la medicina personalizada ha transformado el manejo de esta enfermedad.

El episodio fue conducido por el Dr. Cristian Rodríguez, hematólogo oncólogo con subespecialidad en trasplante de médula ósea y terapia celular, junto al Dr. Alexis Cruz Chacón, hematólogo oncólogo, investigador del Centro Comprensivo de Cáncer y director del Centro de Trasplante de Médula Ósea del Hospital Auxilio Mutuo, y Carlos Méndez, administrador de TCT Oncology. Durante la conversación, los especialistas coincidieron en que el cambio más importante en la práctica clínica es la combinación de diagnóstico molecular, inmunoterapia y terapias celulares dirigidas.

Los expertos explicaron que la leucemia linfoblástica aguda se origina cuando linfoblastos inmaduros invaden la médula ósea e impiden la producción normal de células sanguíneas, lo que provoca manifestaciones clínicas características como anemia con fatiga intensa, plaquetas bajas con tendencia al sangrado e infecciones recurrentes por disfunción inmunológica. Según el Dr. Cruz Chacón, el diagnóstico definitivo requiere biopsia de médula ósea con más de 20 % de blastos, además de estudios genéticos y moleculares que permiten clasificar el riesgo y seleccionar la terapia más adecuada para cada paciente.

Uno de los avances más relevantes destacados por el panel es la incorporación del concepto de enfermedad mínima residual, capaz de detectar una célula maligna entre un millón de células normales, un hallazgo que redefine el pronóstico incluso cuando el paciente aparenta estar en remisión completa. Los especialistas señalaron que la persistencia de esta enfermedad microscópica representa alto riesgo de recaída, lo que ha impulsado el uso temprano de terapias dirigidas para profundizar la respuesta clínica.

En cuanto al tratamiento, los expertos explicaron que todos los pacientes reciben inicialmente una fase de inducción intensiva destinada a eliminar la mayor cantidad posible de células malignas, proceso que suele requerir hospitalización prolongada, transfusiones y manejo clínico especializado. Posteriormente, el abordaje se individualiza según edad, perfil genético y respuesta terapéutica. Algunos pacientes continúan con quimioterapia prolongada durante aproximadamente dos años, mientras que otros requieren trasplante de médula ósea o terapias celulares avanzadas.

Entre las estrategias emergentes, el panel destacó la terapia CAR-T y los anticuerpos biespecíficos, tratamientos que activan el sistema inmunológico del paciente para reconocer y destruir células leucémicas de manera dirigida. Estas terapias han ampliado las opciones terapéuticas, especialmente en pacientes con enfermedad resistente o con enfermedad mínima residual persistente. El objetivo actual ya no es solo alcanzar remisión completa, sino lograr remisión profunda con enfermedad mínima residual negativa, condición asociada a mayor probabilidad de curación.

Los especialistas subrayaron además que el manejo óptimo requiere atención en centros especializados con equipos multidisciplinarios, ya que la leucemia linfoblástica aguda es una enfermedad compleja que puede requerir quimioterapia intensiva, inmunoterapia, trasplante y seguimiento molecular continuo. El mensaje central del episodio es claro: el diagnóstico en adultos ya no equivale a una sentencia definitiva, sino a una enfermedad con pronóstico cada vez más favorable gracias a la integración de la biología molecular y la terapia celular.

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