El secretario de Salud del Gobierno de los Estados Unidos, Robert F. Kennedy JR., advirtió que el país atraviesa una crisis sin precedentes de salud física y mental, marcada por el aumento de las adicciones, la soledad, las enfermedades crónicas y el colapso de un sistema que, según afirmó, “no está diseñado para que las personas mejoren”.
Durante una intervención reciente, el funcionario subrayó que los trastornos de salud mental, el consumo de drogas y el alcohol no solo afectan a individuos, sino que tienen un impacto directo en las familias, la productividad laboral y la economía nacional.
“Estamos hablando de 92 mil millones de dólares en costos directos al año y cerca de 890 mil millones en costos indirectos, incluyendo la merma en productividad y el impacto en el sistema de salud”, señaló.
Un sistema costoso que no incentiva la recuperación
El secretario explicó que una de las principales fallas del modelo actual es la falta de coordinación entre servicios de salud mental, salud física, vivienda y seguridad pública. Esto, dijo, genera un ciclo de recaídas que termina sobrecargando las salas de emergencia, los programas gubernamentales y el sistema de hogares de acogida.
“Hay personas que pasan por múltiples procesos de recuperación y aún así continúan visitando las salas de emergencia. El sistema, tal como está estructurado, genera más dinero cuando hay recaídas”, afirmó. Aclaró que no se trata de responsabilizar a los proveedores de servicios, sino de reconocer que los incentivos económicos actuales “no están alineados con la recuperación a largo plazo”.
Crisis de salud y de conexión humana
Más allá del impacto económico, el funcionario pintó un panorama alarmante sobre la salud del país. “Tenemos los peores resultados de salud en el mundo desarrollado: la mayor incidencia de enfermedades crónicas, los costos más altos, una expectativa de vida que se acorta cada año, y las tasas más altas de mortalidad infantil y materna”, sostuvo.
A esto se suma, dijo, una crisis profunda de salud mental y social. “Vivimos una epidemia de soledad, desesperación y desconexión. Las redes sociales han exacerbado esta fragmentación, y muchas personas recurren a las drogas buscando algún tipo de apoyo”, explicó. Según indicó, el grupo con la tasa más alta de muertes por sobredosis en el país son estadounidenses menores de 45 años.
“Las adicciones no se pueden tratar sólo como un problema químico. Son una consecuencia del aislamiento”, enfatizó.
Programa Streets: intervención temprana y seguimiento a largo plazo
Como parte de la nueva orden ejecutiva, el secretario destacó el lanzamiento del programa Streets, una iniciativa de 100 millones de dólares en fondos federales para proyectos piloto regionales, que se suma a un programa previo de vivienda de 45 millones de dólares.
El enfoque busca integrar a profesionales de salud mental, cuerpos policiales, autoridades de vivienda y servicios sociales para intervenir de manera temprana y evitar que las personas caigan en ciclos repetidos de crisis, encarcelamiento y hospitalización.
“Tenemos que sacar a las personas de un ciclo de crisis y llevarlas a uno de desintoxicación, tratamiento, vivienda, empleo y, finalmente, reconexión con la comunidad”, explicó. El modelo propone dar seguimiento a los pacientes durante al menos tres años, creando incentivos financieros para evitar recaídas y reducir costos a largo plazo.
El Secretario también defendió la integración de iniciativas comunitarias y de fe, siempre basadas en evidencia científica, como herramientas clave para la recuperación. “La mejor sanación ocurre en nuestra interacción con otros seres humanos. Cuando eso se interrumpe, perdemos ese poder sanador”, afirmó.
Prevención y mirada a futuro
El funcionario insistió en que la prevención es clave, especialmente entre jóvenes con factores de riesgo identificables. “Mientras más se espera, más difícil y costoso es el tratamiento. Tenemos que intervenir cuando todavía hay neuroplasticidad en el cerebro”, explicó.
De cara a los próximos cinco años, dijo esperar que el país cuente con modelos probados y replicables que integren aseguradoras, sistemas de salud y comunidades. “Si cambiamos los incentivos económicos, cambia el comportamiento humano. Y eso es lo que necesitamos hacer para transformar el sistema de cuidado de la salud”, concluyó.









