En el más reciente episodio del espacio educativo ‘De Célula a Célula’, los doctores Alexis Cruz, hematólogo oncólogo, investigador adscrito del Centro Comprensivo de Cáncer y director del Centro de Trasplante de Médula Ósea del Hospital Auxilio Mutuo, el Dr. Cristian Rodríguez Arocho, hematólogo oncólogo con subespecialidad en Trasplante de Médula Ósea y Terapia Celular, Carlos Méndez, administrador de TCT Oncology y el invitado especial, el reconocido hematólogo-oncólogo, doctor Fernando Cabanillas, Director del Centro de Cáncer del Hospital Auxilio Mutuo, abordaron un tema clave: el mito del azúcar y el cáncer.
Uno de los mitos más frecuentes entre pacientes con linfoma es la idea de que el consumo de azúcar “alimenta” el cáncer y acelera su progresión. El doctor Cabanillas fue enfático al aclarar que esta creencia no tiene respaldo científico.
“Es cierto que el cáncer usa azúcar, pero también el resto del cuerpo. Si usted baja el azúcar a cero, va a matar el cáncer… y va a matar al paciente también”, explicó el Dr. Cabanillas.
El médico relató una anécdota vivida en su consulta, cuando una paciente lo increpó por ofrecer dulces en la sala de espera, convencida de que el azúcar causa cáncer. A partir de ahí, subrayó que eliminar el azúcar de la dieta no impide la progresión del linfoma ni previene su aparición.
“La azúcar alta no produce ni alimenta el cáncer más que al resto del cuerpo. Además, es imposible bajar el azúcar a cero solo dejando de comer”, sostuvo el Dr. Cabanillas.
Por su parte, añadió que no existe evidencia científica que demuestre que consumir azúcar empeora el cáncer, mientras que sí hay datos que indican que una nutrición balanceada mejora la tolerancia al tratamiento y la sobrevida.
“Un paciente mal nutrido no va a tolerar igual de bien los efectos secundarios de la terapia que uno bien nutrido”, puntualizó el Dr. Rodríguez. Los especialistas coincidieron en que el problema no es el azúcar en sí, sino los extremos: la malnutrición, la obesidad y la inflamación crónica, factores que sí pueden complicar el curso de la enfermedad.
El mensaje de los especialistas fue claro: los mitos pueden generar miedo innecesario, pero la educación, el diagnóstico preciso y el acceso a terapias modernas salvan vidas. En el caso del linfoma, especialmente el difuso de células B grandes, agresividad no es sinónimo de desesperanza, y la ciencia continúa ampliando las oportunidades de curación para los pacientes en Puerto Rico.








