En la hematología moderna, el desafío ya no es solo tratar la leucemia cuando aparece, sino detectarla antes de que exista clínicamente. La hematopoyesis clonal se ha convertido en una de las áreas más relevantes de investigación porque permite identificar mutaciones adquiridas en células madre hematopoyéticas años antes del desarrollo de una neoplasia.
Reconocida por la Organización Mundial de la Salud como una entidad biológica definida, esta condición no es cáncer, pero sí representa un estado precursor con potencial de progresión.
El Dr. William Marrero, hematólogo oncólogo con subespecialidad en leucemia en el MD Anderson Cancer Center, explica que el concepto cambia radicalmente la forma en que entendemos la evolución de las enfermedades mieloides. “Lo más importante en oncología no es solo tratar la enfermedad, sino entender por qué ocurre y cómo podemos intervenir antes de que se manifieste clínicamente”.
La hematopoyesis clonal ocurre cuando una célula madre de la médula ósea adquiere una mutación genética que le otorga ventaja de crecimiento. Con el tiempo, esa célula genera una población de células sanguíneas genéticamente idénticas, un clon.
Este fenómeno es más frecuente con el envejecimiento y puede detectarse mediante pruebas de secuenciación de nueva generación incluso en personas sin síntomas.
El Dr. Marrero utiliza una analogía sencilla: “Es como una semilla que cae en un jardín. No todas las semillas crecen, pero algunas encuentran el ambiente adecuado y empiezan a expandirse. Nuestro trabajo es identificar cuáles tienen potencial de convertirse en algo más serio”.
Diferencia entre CHIP y citopenias clonales
No todos los casos implican el mismo nivel de riesgo:
- CHIP (Clonal Hematopoiesis of Indeterminate Potential): mutación detectable sin alteraciones en el hemograma.
- Citopenias clonales: mutación acompañada de anemia, neutropenia o trombocitopenia inexplicadas.
Cuando existen citopenias persistentes, el riesgo de progresión hacia un síndrome mielodisplásico o leucemia mieloide aguda aumenta significativamente. “Cuando vemos citopenias persistentes en un paciente con una mutación clonal, el escenario cambia. Ya no estamos hablando sólo de una alteración genética incidental, sino de un proceso que podría estar evolucionando hacia una neoplasia mieloide”, agregó el Dr. Marrero.
¿Qué mutaciones preocupan más?
Entre las mutaciones asociadas con mayor riesgo se encuentran:
- RUNX1
- ASXL1
- SRSF2
- IDH1 / IDH2
El número de mutaciones, su tipo y la carga alélica (porcentaje de células afectadas) son factores determinantes en la probabilidad de progresión. Estudios longitudinales han demostrado que algunas personas pueden desarrollar una neoplasia mieloide entre 5 y 10 años después de detectarse la alteración clonal.
“No es solo la presencia de la mutación lo que nos preocupa, sino su comportamiento biológico. Una mayor carga alélica y la coexistencia de múltiples mutaciones aumentan de forma considerable el riesgo de progresión”.
“Lo que los estudios longitudinales nos han demostrado es que este proceso puede tardar años en manifestarse clínicamente, y ese intervalo representa una oportunidad crítica de vigilancia”, enfatizó el especialista.
Una ventana de oportunidad para intervenir
Aunque no todos los pacientes progresarán a cáncer, la identificación temprana abre una oportunidad para:
- Monitoreo hematológico periódico
- Evaluación molecular secuencial
- Intervención temprana en casos de alto riesgo
- Educación del paciente
“Estamos entrando en una era donde podemos observar la evolución biológica antes de que el cáncer se establezca. Eso cambia la conversación con el paciente y redefine la prevención en hematología”, señala el especialista.
Uno de los retos actuales es que muchas citopenias leves se atribuyen a deficiencias nutricionales o envejecimiento sin una evaluación molecular más profunda. El experto enfatiza que la colaboración entre médicos primarios, internistas y hematólogos es fundamental para identificar casos que ameriten estudio adicional.
La hematopoyesis clonal no implica un diagnóstico inmediato de cáncer, pero sí exige vigilancia estructurada. En ese sentido, representa uno de los avances más importantes en la comprensión moderna de las enfermedades hematológicas.









