El aumento de pacientes mayores con colitis ulcerosa plantea un desafío clínico relevante. Aunque las guías actuales no diferencian por edad, la evidencia muestra que los adultos mayores presentan un riesgo significativamente mayor de complicaciones, hospitalización y mortalidad, lo que hace necesario un enfoque más individualizado.
Se estima que casi una de cada tres hospitalizaciones por colitis ulcerosa corresponde a pacientes mayores de 60 años, y en este grupo la mortalidad puede ser hasta tres veces superior en comparación con pacientes más jóvenes. En algunos estudios, la mortalidad al año alcanza el 27,8 % en adultos mayores frente al 1,6 % en jóvenes, con una proporción importante relacionada directamente con la enfermedad o sus complicaciones.
Limitaciones del tratamiento convencional
El manejo estándar de la colitis ulcerosa aguda grave incluye esteroides intravenosos seguidos de terapias avanzadas en caso de refractariedad, como agentes anti-TNF, ciclosporina o inhibidores de JAK. Sin embargo, en adultos mayores, estas terapias pueden estar contraindicadas o asociarse a un mayor riesgo de infecciones y eventos adversos.
Por esta razón, los expertos recomiendan evitar la prolongación innecesaria de tratamientos potencialmente dañinos y establecer protocolos estrictos con tiempos definidos para evaluar la respuesta terapéutica.
Evaluación integral desde el ingreso
Uno de los puntos clave es que el abordaje no debe centrarse únicamente en la inflamación intestinal. Se recomienda una evaluación inicial completa que incluya:
- Descartar infecciones asociadas como Clostridioides difficile o citomegalovirus.
- Valorar el estado nutricional y la fragilidad del paciente, factores determinantes en la evolución.
- Realizar una evaluación quirúrgica temprana y mantener seguimiento durante la hospitalización.
- Iniciar profilaxis de tromboembolismo venoso, dada la mayor vulnerabilidad de estos pacientes.
El tratamiento con esteroides intravenosos sigue siendo la primera línea, pero la respuesta debe evaluarse tempranamente (al tercer día) para decidir con rapidez si es necesario escalar el tratamiento o considerar cirugía.
Tras la fase aguda, opciones como vedolizumab o ustekinumab pueden considerarse por su perfil de seguridad, aunque su inicio de acción es más lento.
El rol clave de la nutrición y el soporte integral
Más allá del tratamiento farmacológico, la intervención nutricional es fundamental. Se recomienda:
- Mantener la nutrición oral cuando sea posible.
- Complementar con soporte parenteral si existen déficits.
- Corregir rápidamente deficiencias de vitaminas, hierro y electrolitos.
- Supervisar la ingesta calórica y proteica para prevenir sarcopenia.
Además, estrategias como la nutrición enteral exclusiva o la oxigenoterapia hiperbárica han mostrado beneficios en la respuesta al tratamiento y en la reducción de hospitalizaciones y cirugías.
Un cambio necesario en el enfoque clínico
En conjunto, estos hallazgos resaltan que la colitis ulcerosa grave en adultos mayores no puede abordarse con los mismos criterios que en pacientes jóvenes. La combinación de mayor fragilidad, comorbilidades y riesgo de eventos adversos obliga a un manejo más dinámico, anticipado y multidisciplinario.
Adoptar estas recomendaciones podría ser clave para reducir complicaciones, optimizar el tratamiento y mejorar la supervivencia en esta población creciente.









