Vigilancia epidemiológica del cáncer colorrectal y su impacto en salud pública

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Dra. Karen Ortiz, directora del Registro Central de Cáncer. Foto original de PHL.

En salud pública, las decisiones que impactan a miles de pacientes no se toman desde la intuición, sino desde la evidencia. En el caso del cáncer colorrectal, uno de los tumores con mayor carga en Puerto Rico, los datos poblacionales se han convertido en una herramienta crítica para entender el problema, anticipar tendencias y diseñar respuestas más oportunas.

Datos que definen el rumbo del sistema

“El Registro de Cáncer de Puerto Rico es el sistema de vigilancia que recopila, analiza y disemina la información de los casos diagnosticados en la isla”, explica la Dra. Karen Ortiz, directora del Registro Central de Cáncer.

Más allá de la recolección de datos, su valor radica en la calidad y el alcance. La obligatoriedad de reporte por ley ha permitido construir una base robusta que cumple con estándares internacionales, lo que facilita evaluar la carga real de la enfermedad en distintos grupos poblacionales y medir el impacto de las políticas públicas.

Cáncer colorrectal: alta carga y cambios en tendencia

“Ocupa la segunda posición en incidencia tanto en hombres como en mujeres y es el cáncer con mayor mortalidad en Puerto Rico”, señala la especialista.

Cada año se diagnostican cerca de 1,700 casos y más de 650 personas fallecen por cáncer colorrectal, lo que confirma su impacto sostenido en la población. 

Sin embargo, los datos también muestran un comportamiento dual: mientras la incidencia y mortalidad han disminuido en la población general en las últimas décadas, existe un aumento preocupante en menores de 50 años.

Este hallazgo ha sido clave para impulsar cambios en guías clínicas y reforzar la necesidad de diagnóstico temprano mediante cernimiento, incluso en grupos que antes no se consideraban de alto riesgo.

Diagnóstico tardío, el principal desafío clínico

“Cerca del 51 % de los casos se diagnostican en etapas avanzadas”, advierte la Dra. Karen Ortiz. Este dato es uno de los más críticos, ya que implica tratamientos más agresivos, mayores costos y una reducción significativa en la probabilidad de supervivencia. Detrás de estas cifras, el registro ha permitido identificar patrones que explican parte del problema.

Uno de los hallazgos más relevantes es que muchos pacientes ingresan al sistema de salud a través de salas de emergencia, ya con síntomas avanzados. Esto sugiere fallas en el acceso al cernimiento o en la utilización de los servicios disponibles.

“Una tercera parte de estos pacientes tenía como punto de entrada la sala de emergencia, a pesar de contar con cubierta para cernimiento”, detalla la directora. A esto se suma otro factor estructural: los retrasos en el diagnóstico. En algunos casos, los pacientes pueden esperar más de 60 días entre la evaluación inicial y la realización de estudios como la colonoscopía, lo que incrementa el riesgo de progresión de la enfermedad.

De la evidencia a la acción en salud pública

Los datos no solo describen el problema, también orientan las soluciones. A partir de estos hallazgos, se han impulsado estrategias dirigidas a reducir barreras de acceso y acelerar el diagnóstico.

Una de ellas ha sido la implementación de coberturas especiales para pacientes con sospecha de cáncer, que permiten agilizar estudios sin necesidad de referidos, facilitando la navegación dentro del sistema de salud.

“Estas iniciativas buscan reducir los retrasos y mejorar la oportunidad del diagnóstico”, explica la Dra. Ortiz.

Sin embargo, el reto sigue siendo amplio. Aumentar las tasas de cernimiento, fortalecer la educación en la población y mejorar la coordinación entre niveles de atención son pasos necesarios para revertir el diagnóstico tardío.

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