Cambio: la palabra más temida para cualquier paciente con cáncer

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Autora:  Julia Michelle Santiago, creadora del movimiento JULIASTRONG, productora y conductora de JULIASTRONG THE PODCAST. Sobreviviente de cáncer colorrectal y presidenta de la Coalición, lidera iniciativas de concienciación, prevención y bienestar integral. 

Aceptar un diagnóstico de cáncer es un proceso duro. Requiere valentía, introspección y mucha fortaleza emocional. Pero eso no fue lo más difícil para mí.

Después de una cirugía en la que me removieron un tumor maligno en el área del sigmoide, me extrajeron parte del colon y me colocaron una ileostomía para permitir que la cirugía sanara, comprendí que lo más difícil sería el sacrificio que tendría que hacer durante los meses siguientes mientras atravesaba mi tratamiento.

Cambio

Una palabra temida por muchos, especialmente cuando eres paciente o atraviesas una situación de salud que exige un giro de 180° en tu vida.

En aquel momento, la palabra cambio significaba para mí renunciar a mi estilo de vida, algo que instintivamente rechacé. Cambiar la manera en que hasta entonces había vivido: una vida activa, sociable y libre, que representaba para mí una de las cosas más preciadas y difíciles de dejar atrás.

Hoy, 12 años más tarde, después de haber conocido a cientos de otros guerreros que atravesaron —o aún atraviesan— un proceso similar al mío, entiendo que ese temor al cambio es algo que muchos compartimos.

Pero… ¿y si transformamos la perspectiva?

¿Y si, en vez de enfocarnos en todo lo que sentimos que debemos soltar, comenzamos a mirar los cambios positivos que podemos —y debemos— hacer para ayudar a nuestro cuerpo a sanar y mantenerse en remisión?

Sobrevivir a un diagnóstico de cualquier tipo de malignidad, incluido el cáncer, trae consigo una oportunidad única: aprender a mirar la vida de otra manera, desarrollar una nueva relación contigo mismo e incluso descubrir un nuevo propósito.

Para mí, el cambio representó todo eso.

Ese proceso me llevó a descubrir nuevas maneras de practicar el autocuidado y el amor propio. Me enseñó a valorarme más y a priorizar mi sanación, no como un castigo, sino como una oportunidad para comenzar una nueva vida; una vida llena de hábitos más conscientes, saludables y necesarios para mi bienestar.

El cambio también trajo nuevas encomiendas, nuevos retos… y un propósito.

Ayudar a otros a adoptar una vida activa, positiva y llena de amor propio se convirtió en el mío.

Y hoy, por todo eso y más, vivo agradecida por aquel cambio.

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