Una mujer de 62 años desarrolló osteorradionecrosis de la pared torácica tras someterse a reirradiación por recurrencia de cáncer de mama, una complicación poco frecuente pero potencialmente grave asociada a la radioterapia.
El caso, reportado por investigadores de la Universidad de Toronto, señala la importancia de reconocer esta entidad en sobrevivientes de cáncer de mama a largo plazo, especialmente en un contexto clínico donde la reirradiación es cada vez más utilizada.
Una historia clínica marcada por la recurrencia
La paciente acudió al hospital con tres años de asimetría, opresión torácica y dolor persistente en la pared torácica izquierda. Su historial oncológico se remontaba a 27 años atrás, cuando fue diagnosticada con un carcinoma ductal invasivo temprano de mama izquierda.
En ese momento, fue tratada con tumorectomía, disección ganglionar axilar y radioterapia adyuvante hipofraccionada, seguida de un breve curso de tamoxifeno.
Dos décadas después, presentó una recurrencia multifocal de cáncer de mama, biológicamente más agresiva. El manejo incluyó mastectomía con conservación de piel y reconstrucción inmediata, quimioterapia adyuvante y una segunda ronda de radioterapia locorregional dirigida a la pared torácica y ganglios linfáticos regionales.
Síntomas persistentes y un diagnóstico complejo
Dos años después de la reirradiación, comenzaron nuevos síntomas. Aunque los signos vitales eran normales y no existían indicios clínicos de recurrencia tumoral, los estudios de imagen revelaron hallazgos llamativos.
La tomografía computarizada mostró múltiples fracturas costales izquierdas, con esclerosis, irregularidad cortical y formación de callo óseo, que comprometían desde la segunda hasta la séptima costilla. Las gammagrafías óseas descartaron metástasis y la densitometría ósea evidenció una densidad ósea reducida, con riesgo moderado de fractura.
Ante este conjunto de hallazgos, los médicos sospecharon fracturas costales radioinducidas secundarias a osteorradionecrosis, una condición causada por daño vascular y tisular crónico inducido por la radiación.
Tratamiento conservador con buenos resultados
En lugar de recurrir a cirugía, se optó por un manejo conservador no quirúrgico. La paciente inició tratamiento con pentoxifilina, vitamina E y pravastatina, además de suplementos de calcio y vitamina D. El régimen fue bien tolerado y el dolor comenzó a mejorar tan solo dos semanas después.
Como complemento, recibió ocho semanas de terapia con oxígeno hiperbárico (TOHB). Durante este tratamiento desarrolló miopía transitoria, un efecto adverso conocido que se resolvió con corrección visual. Once meses después, una nueva tomografía evidenció signos de curación progresiva de las costillas afectadas, sin nuevas fracturas.
Los autores destacan que este caso ilustra una complicación rara pero relevante de la radioterapia mamaria, que puede pasar desapercibida o confundirse con recurrencia tumoral o metástasis ósea.
El caso también refuerza la evidencia de que, en formas leves a moderadas, las estrategias conservadoras, incluida la farmacoterapia y la oxigenoterapia hiperbárica, pueden ser efectivas, evitando procedimientos invasivos y sus riesgos asociados.









