Actividad física adaptada redefine el manejo oncológico

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Dr. Víctor Rosado, especialista en Medicina Física y Rehabilitación. Foto tomada por PHL.

Durante años, muchos pacientes con cáncer recibieron un mensaje equivocado: guardar reposo y limitar su actividad física. Hoy, esa visión cambió. La actividad física dejó de verse como un complemento opcional y comenzó a integrarse como parte del manejo clínico del paciente oncológico.

Para el Dr. Víctor Rosado, especialista en Medicina Física y Rehabilitación, el enfoque actual no consiste en eliminar el ejercicio, sino en adaptarlo de manera segura según la condición médica de cada paciente. “No es que no vaya a hacer ejercicio, es simplemente cómo lo modificamos para que sea seguro para el paciente”, explicó.

Actividad física adaptada según el tipo de paciente

El especialista señaló que cada paciente requiere una evaluación individualizada antes de comenzar cualquier programa de ejercicio. Factores como el estadio del cáncer, los tratamientos recibidos, los conteos celulares y la presencia de lesiones óseas pueden modificar completamente la estrategia terapéutica.

“Hay pacientes con lesiones en huesos o con conteos celulares variables que requieren un enfoque distinto”, indicó el Dr. Rosado, al explicar que estos elementos pueden afectar cómo el cuerpo tolera el aumento en actividad física.

Por esa razón, insistió en que el ejercicio debe realizarse bajo supervisión médica y con programas adaptados a la realidad clínica de cada persona. La meta no es detener el movimiento, sino encontrar la manera más segura de mantener al paciente activo durante el tratamiento oncológico.

Más funcionalidad, menos fatiga y mejor calidad de vida

Uno de los principales beneficios del ejercicio en pacientes con cáncer es la preservación de la independencia funcional. Según explicó el especialista, mantenerse activo ayuda a que los pacientes puedan continuar realizando actividades básicas de la vida diaria, incluso durante tratamientos complejos.

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Además, destacó que la evidencia científica ha demostrado beneficios importantes sobre síntomas frecuentes en oncología, incluyendo la fatiga relacionada al cáncer, el dolor y la disminución de la capacidad cardiovascular.

“Estar activo permite que el paciente pueda ser más independiente y mantener su funcionalidad”, explicó el especialista. También señaló que muchos pacientes logran disminuir dolor, mejorar movilidad e incluso reducir algunos medicamentos analgésicos conforme avanzan en sus programas de rehabilitación.

La actividad física también impacta directamente la salud emocional y la percepción de bienestar del paciente, especialmente cuando comienzan a notar mejoras físicas progresivas durante el tratamiento.

El ejercicio no se elimina, se modifica

El especialista explicó que actualmente existen distintas modalidades de ejercicio que pueden integrarse de forma segura en pacientes oncológicos, incluyendo caminatas, bicicleta, ejercicios aeróbicos, trabajo de resistencia y actividades en agua.

Sin embargo, aclaró que la intensidad y el tipo de actividad deben ajustarse según el riesgo clínico del paciente, especialmente en aquellos con lesiones óseas o mayor riesgo de fracturas patológicas.

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“El paciente sedentario tiene desventaja sobre el paciente activo”, afirmó el Dr. Rosado, al destacar que la evidencia médica continúa demostrando que el ejercicio puede realizarse de manera segura durante prácticamente todas las etapas del tratamiento, siempre que exista supervisión adecuada. Hoy la medicina busca adaptar el ejercicio a la condición del paciente, no excluirlo del tratamiento.

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