La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó el lirafugratinib (Lyrfigtu) como una nueva opción de tratamiento dirigido para adultos con colangiocarcinoma previamente tratado, no resecable, localmente avanzado o metastásico, cuyos tumores presentan una fusión o reordenamiento del gen FGFR2.
La decisión regulatoria, anunciada el 23 de septiembre de 2026, se sustentó en los resultados del estudio REFOCUS (NCT04526106), un ensayo clínico multicéntrico de fase 1/2 en el que participaron 116 pacientes con colangiocarcinoma avanzado o metastásico que no habían recibido previamente un inhibidor de FGFR.
El ensayo fue liderado por la Dra. Alison Schram, especialista en desarrollo temprano de medicamentos del Memorial Sloan Kettering Cancer Center (MSK), institución que destacó el potencial de esta estrategia para un cáncer que con frecuencia se diagnostica cuando ya se ha extendido.
Una alteración molecular que puede impulsar el cáncer
El colangiocarcinoma, también conocido como cáncer de las vías biliares, se origina en los conductos que transportan la bilis entre el hígado y el intestino delgado.
De acuerdo con MSK, entre 10 % y 20 % de estos tumores están impulsados por alteraciones de FGFR2, una proteína perteneciente a la familia de receptores del factor de crecimiento de fibroblastos (FGFR), involucrada en señales que favorecen la proliferación celular.
En este contexto, identificar la alteración molecular del tumor resulta relevante para seleccionar tratamientos dirigidos. El lirafugratinib actúa de manera selectiva sobre FGFR2, diferenciándose de terapias que actúan sobre varios miembros de la familia FGFR. “Cholangiocarcinoma is a rare cancer that is almost always caught after it has spread, making it extremely challenging to treat”, explicó la Dra. Schram, quien destacó que disponer de nuevas alternativas terapéuticas puede representar una diferencia significativa para los pacientes y sus familias.
Respuestas tumorales en casi la mitad de los pacientes
En el estudio REFOCUS, el 46 % de los pacientes presentó una respuesta objetiva, es decir, una reducción significativa del tamaño de sus tumores.
Además, la duración mediana de la respuesta fue de 11,8 meses, lo que indica que el beneficio observado se mantuvo durante casi un año en términos medianos.
La evaluación incluyó pacientes con enfermedad irresecable o metastásica que habían recibido previamente quimioterapia o quimioinmunoterapia y que no habían sido tratados con un inhibidor de FGFR. El diseño fue abierto y de un solo brazo, por lo que los resultados demuestran actividad antitumoral en la población estudiada, pero no permiten establecer una comparación directa de supervivencia frente a otro tratamiento.
El lirafugratinib se administra por vía oral, con una dosis recomendada de 70 mg una vez al día, hasta que se produzca progresión de la enfermedad o una toxicidad que obligue a suspenderlo. Aunque se trata de una terapia dirigida, su uso requiere monitoreo clínico estrecho. Entre los efectos adversos descritos se encuentran enrojecimiento e inflamación de manos y pies, lesiones en la boca, alteraciones en uñas y sequedad ocular y oral.
También se han identificado eventos de mayor relevancia clínica, como hiperfosfatemia y alteraciones oculares, incluyendo acumulación de líquido debajo de la retina. Por ello, la evaluación y seguimiento de los pacientes son componentes importantes durante el tratamiento.
La aprobación de lirafugratinib refuerza la importancia de realizar pruebas moleculares del tumor en pacientes con colangiocarcinoma avanzado, ya que la presencia de una fusión o reordenamiento de FGFR2 es un requisito para utilizar esta terapia.
Actualmente, la indicación aprobada corresponde a pacientes que ya recibieron tratamiento previo. El medicamento también continúa bajo investigación en otros tumores sólidos que presentan fusiones o reordenamientos de FGFR2. La llegada de lirafugratinib amplía así el arsenal de terapias dirigidas contra alteraciones moleculares específicas en el colangiocarcinoma y evidencia cómo la caracterización genética del tumor continúa transformando las decisiones terapéuticas en oncología.









